En Murcia centro quedan cuatro salas de cine, tres de estreno, y la Filmoteca. Ésta última sala es un antiguo cine rehabilitado, con sus butacas de madera, su tapizado algo viejuno, un poco fría en invierno y con escasa distancia entre filas.

Hace poco quería ver El perfume y como no había opción en las salas del centro, cogí el coche y fui a uno de estos cines nuevos y maravillosos que están proliferando por la periferia….suelo enmoquetado, amplios pasillos, sonido Dolby Surround 6D, aire acondicionado a 18 grados, unos butacones que casi llegan a sofá, accesorios para dejar refrescos, palomitas…todo esto por 6,50 euros, la entrada “normal” de fin de semana.
Fui con mi hermano al último pase, para evitar el público infantil ruidoso, y al entrar a la sala intentamos sentarnos en un sitio que nos gustaba, pero el acomodador nos levantó al minuto, pues las butacas estaban numeradísimas; tras otro intento de mejorar, tuvimos que irnos donde nos indicaba nuestra entrada: fila 24, asientos 7 y 8, es decir, al fondo, junto a una pareja de adolescentes, y rodeados de palomiteros…crack, crack, crack….
Empieza la peli; admito que el ruidillo incensante de la gente comiendo palomitas me enerva, así que hago un esfuerzo de contención y pienso que en diez minutos esos tragones habrán acabado…y efectivamente así fue.
Primera media hora, estaba empezando a centrarme en el argumento, cuando el móvil del gambitero que estaba a mi lado, que había venido con su chica, empieza a sonar, lo cual no me sorprende demasiado, pues entre tanta gente, un descuido es normal.
Cuando pasa algo así, piensas que el descuidado lo va a apagar inmediatamente, pero… ¡mi gozo en un pozo!…. porque va el patán y contesta: ”Rulas? acho, que estoy en el cine…..luego te llamo…..”. La novieta sofocada ante mi asombro, le llama la atención, y éste empieza a achucharla para que lo perdone, recreándose unos minutos, pues cierto es, que el ritmo del film era algo lento…
Pasa un rato y el móvil del patán vuelve a sonar: la historia se repite, el payo contesta, la novia le da un manotazo y de propina otro achuchón….y así sucedió hasta una tercera vez.
Esa triple escenita, junto con las retransmisiones en voz alta, tipo comentarista deportivo, “copón, pos menuda napia tiene el tío ese……” me hicieron pensar que seleccionar el horario del pase, era totalmente inútil, que todo esto era una cuestión social y educacional…y que todos los lujos de ese cine estaban siendo anulados por tipos como ése. La película estuvo bien, pero me acuerdo del protagonista, lo mismo que del gambitero de mi lado, de su chica, y del concierto sinfónico de los palomiteros compulsivos.
Dicho esto, me pregunto si esto fue un día de mala suerte, o si este tipo de público abunda en estas salas de megacentros comerciales y confunde el circo con el cine, o también… por qué no, si me estoy volviendo un espectador demasiado intolerante.
Así, me quedo con el cine centrofama, el Rex y por supuesto con la Filmoteca, con su solemne presencia y su gran pantalla, con sus butacas bien juntitas para apoyar y doblar las piernas en la de enfrente, con su tapizado viejuno y acogedor, que evita que te duermas, con su mínima calefacción, que me obliga a taparme con el abrigo como si estuviera en mi mesa camilla, con su respetuoso público y su silencio sepulcral, y como no, con su maravilloso cine clásico. Y sí, por supuesto, tiene “letreritos”….y todo esto, por 1,50 euros, sin coger el coche y puedo sentarme donde quiero, qué les parece?