Casablanca está lleno de grandes personajes, psicológicamente bien definidos, pero hasta hace poco no me había fijado en la importancia de un secundario “magistral” y me refiero al jefe de policía, el capitán Renault, un tipo que dice algo así como que "cambia de bando según la dirección del viento”; vamos, lo que toda la vida ha sido un “veleta”, alguien tan familiar que enseguida le ponemos nombre y apellidos...
Este simpático policía maneja los hilos de la trama: flirtea con los alemanes, léase, los “malos” de la película, a la vez que mantiene simpatía con Rick… pero si tiene que cerrarle el chiringuito, lo hace sin el menor reparo..."porque hay constancia de que se juega en este local..". Y a pesar de esto, después de todo, uno le coge cierto cariño a este mezquino agente; sea por su cercanía, por su carácter “humano”, o porque acaba haciendo planes con Rick, en ese gran final que tanto ha dado que hablar…incluso al gran Boris Izaguirre.
Y enlazando con Boris y con su libro de cine, si quieren ver un caso flagrante sobre el tratamiento de la homosexualidad en el Hollywood clásico, no dejen de ver La soga, de Alfred Hitchcock, rodada en 1948, años difíciles para tratar un tema así en la meca del cine.
La ví hace unos diez años, y entonces los “protas” eran dos viejos amigos…años después veo como las adaptaciones de algunas novelas sufren “ligeras modificaciones”…y según digo esto, se me ocurre...¿se rodará una segunda parte de Casablanca con Rick y Renault a lo "Brokeback Mountain"?...!allá con América y su doble moral!